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El Escudo fue mi forma de hacer
familia,
mi manera de entender el recorrido, mi posibilidad de juntar mis palabras con la piel.
El Escudo me hizo cocinera, me hizo madre,
me hizo ruta. Durante veinte años el restaurante que tiene su nombre basado en un lugar de Madrid en la calle Ponzano 30, construyó mis noches, mis caminatas de madrugada, mis correrías, mis obsesiones. Me regaló a las personas que más amo.
Cocinar es una forma de mirar, oyendo, de caminar con todos los sonidos, de
encontrar
en el silencio la luz, de contar con todo; Es un derroche de energía y equipo, de simultaneas, de plátanos maduros y memoria. Aprender junto a mi restaurante a encontrar las formas para mis afectos, gritar cítricamente, y dejarme con el tiempo por fin abrazarme por el cacao, es más que las cartas de temporada, las historias, los langostinos ahumados, los ravioles de chontaduro, los desaciertos y el placer.
Cocinar es una forma de mirar, oyendo, de caminar con todos los sonidos, de
encontrar
en el silencio la luz, de contar con todo; Es un derroche de energía y equipo, de simultaneas, de plátanos maduros y memoria. Aprender junto a mi restaurante a encontrar las formas para mis afectos, gritar cítricamente, y dejarme con el tiempo por fin abrazarme por el cacao, es más que las cartas de temporada, las historias, los langostinos ahumados, los ravioles de chontaduro, los desaciertos y el placer.
Veinte años son un lugar que dejé con mucho amor, y que escucho con los ecos de
Paola, Vladimir,
Andrés, Luigui, Arelis, Alex, Christian, Sandra, Yuyú, Sebastián, sarteniando en mi corazón para la mesa siete, dejando que el pan de semillas de cilantro y cebolla de rama que está para cuatro en la mesa cinco, le de permiso a mi corazón para guardar la comanda del tiempo, pasar por mi Bar de al lado y darles las gracias a todos ustedes, porque en El Escudo se fraguó casi una logia de sabores, huellas, finura y amor.
Hacer un viaje desde la cordillera hasta el mar y a la selva tropical y desde el litoral Pacífico al Valle del Río Cauca. Estamos en la búsqueda de los diferentes ecosistemas que nos habitan, entre Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño.
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